“Pusieron a Niños y Abuelos Delante”!

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Aquel 1 de octubre de 2017, las calles de Gerona estaban vacías a primera hora de la mañana. El agente Del , miembro de la UIP, tomaba café en un bar con el resto de sus compañeros, tranquilamente, cuando empezaron a sonar los teléfonos. El café aún estaba caliente, pero tuvieron que saltar como un resorte de sus asientos. La orden era clara: “¡Preparados para entrar en los colegios electorales!”. 

Ni 15 minutos habían transcurrido cuando el policía andaba por las calles de la ciudad con los 20 kilogramos de material antidisturbios a cuestas. El objetivo era despejar la entrada y facilitar el acceso a los compañeros de paisano, que debían confiscar las urnas utilizadas en el primer colegio electoral.

Al cruzar la última esquina, los 20 agentes vieron la mirada de soslayo de una inmóvil patrulla de los Mossos d’Esquadra, que no habían recibido orden de intervenir. Unos metros más adelante, unas 400 personas escoltaban la entrada a la escuela. El agente vio entonces ante sus ojos algo inédito para un antidisturbios: “Era muy llamativo que había una primera fila con niños y gente mayor”.

La identificación corresponde a Hugo del Prado, miembro de la UIP y delegado nacional del sindicato Jupol (Justicia Policial). La narración de lo que ocurrió la hace para EL ESPAÑOL | Porfolio en la semana en la que se cumplen cinco años de aquello. “Hubo un antes, un durante y un después”, expone Hugo. “Es importante el antes también, porque antes pasaron cosas”.

Antes del 1-O

Todo comenzó mucho antes, pero fue el 9 de junio de 2017 cuando la idea cristalizó. Carles Puigdemont, por aquel entonces presidente de la Generalitat de Cataluña, anunciaba que el 1 de octubre se celebraría en la región un referéndum de independencia. “¿Quiere que Cataluña sea un estado independiente en forma de república?“, era la pregunta a la que sometería a los ciudadanos.

En aquella aparición pública, Puigdemont estaba acompañado por Oriol Junqueras, su vicepresidente, en el Pati de les Tarongers del Palau de la Generalitat. Ambos atacaban al Gobierno central que por entonces regía Mariano Rajoy, del PP. La votación, “en forma de sí o de no, será un mandato que este Gobierno se compromete a aplicar”, apuntó Puigdemont durante el anuncio.


Carles Puigdemont, en el Parlamento autonómico catalán.

Efe

Fue un verano de constante presión política, de dimes y diretes, en el que la tensión social aumentaba a cada instante. Conforme se acercaba la fecha, la incertidumbre crecía: se trataba de un referéndum ilegal, que no cabía en el marco normativo español. 

El 6 de septiembre, el parlamento catalán aprobaba una ley de referéndum, rechazada por el Tribunal Constitucional de España y que contradecía el Estatuto de Autonomía de Cataluña. El 7 de septiembre, era aprobada en el Parlament la Ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la República Catalana. Los grupos independentistas apoyaban los textos legislativos, mientras que Ciudadanos, el Partido Popular de Cataluña (PPC) y el Partido de los Socialistas de Cataluña (PSC-PSOE) abandonaban el hemiciclo en forma de protesta durante las votaciones.

Con tal caldo de cultivo, los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado eran movilizados en masa. 10.000 agentes tendrían que velar por el cumplimiento de la ley el 1 de octubre. Una semana antes de la fecha señalada en el calendario, aterrizaban en distintos puntos de Cataluña. Unos se hospedaban en hoteles, mientras que otros dormirían en los tres cruceros denominados Azzurra, Rhapsody y Moby Dada —el famoso “Piolín”, por el personaje de dibujos animados dibujado en el buque—.

El barco de Piolín

La estancia de Policías y Guardias Civiles desplazados a Cataluña. “Olía a gasoleo, todos los días comíamos pasta, la ropa estaba tendida en las barandillas del pasillo… El olor era fuerte. El agua del barco… La mitad de los wc atascados… Un desastre. Te daban medio litro de agua al día, luego había que comprarla a precio de crucero. Desconectar esos meses fue imposible. Los del barco no pueden desconectar, porque es como una gran comisaría. Lo que haces es una hermandad gigante, pero para eso hay que aguantar el resto. Un mal día allí se hace muy largo”, cuenta Hugo del Prado.

Aquellos días se sucedieron los ataques informáticos a las páginas de Internet que creaba la Generalitat para la consulta. Asimismo, la policía realizaba operaciones para intervenir papeletas y urnas antes de que llegaran a los colegios electorales. La tensión iba en aumento dentro del tira y afloja entre el Ejecutivo nacional y el autonómico.

Hugo del Prado rememora cómo llegó a Cataluña. Fue una semana antes del 1-O. “A mi grupo le tocó Gerona. Nos hospedamos en un pueblecito que se llama Santa Susana que está al lado de Calella. Durante esos días montamos servicios normales, de seguridad en la comisaría, nada especial. El ambiente, sobre todo, era de una normalidad absoluta. No esperábamos nada porque veías normalidad. La gente estaba muy tranquila, muy educada y tomabas un café en cualquier sitio sin problemas. Todo muy bien. No, nos imaginamos lo que podía pasar”.

Todo transcurría con relativa normalidad, hasta que llegó el 30 de septiembre. “Ahí nos dimos cuenta del engaño. Estábamos montando un servicio a las afueras de Gerona, un poquito apartados, en un polígono industrial, y ahí se nos acercó el jefe de servicio de los Mossos d’Esquadra de Gerona para hablar con nosotros. Porque es verdad que esos días con los Mossos d’Esquadra todo estaba muy bien, muy bien, con mucha cordialidad. Yo estuve delante en aquella conversación con mi jefe. Nos dijeron que no nos preocupáramos, que estuviéramos tranquilos, que ellos iban a intervenir”.

1 de Octubre de 2017

Aarón Rivero, secretario general de Jupol, se encontraba aquellos días en la brigada móvil. Aún recuerda la tensión de aquel día, los nervios, los golpes, los gritos y los llantos de los niños. Su cometido era entrar en los colegios electorales, a por las urnas, en Barcelona. “Vimos imágenes dantescas”.

Rememora cómo se levantaron a las 3 de la mañana del 1 de octubre. Tenían que estar temprano en las localidades donde debían actuar y eso implicaba salir antes, porque podía haber sabotajes. No ocurrió nada extraño, llegaron pronto al puesto de mando. Allí reunieron a todos los efectivos y les explicaron que, en principio, no intervendrían: los Mossos d’Esquadra eran quienes debían hacerlo. “Digamos que fue un momento complicado, de mucho nerviosismo, porque no sabíamos qué iba a ocurrir”.

Las votaciones comenzarían a las 9 horas. Momentos antes del inicio se apunta que cada uno podrá votar donde quiera, rompiéndose así la propia legislación creada por la Generalitat días antes. A primera hora de la mañana, la inacción de los Mossos d’Esquadra, bajo el mando de Josep Lluis Trapero, obligaba a intervenir a la Policía Nacional y la Guardia Civil. Hugo recuerda que se puso el material antidisturbios, y narra la escena que introduce este reportaje. 

Las imágenes de Aarón, en Barcelona, son similares: “Había cientos de personas en la calle. La UIP trató de mediar, no sé durante cuánto tiempo, pero un rato, y recibimos la orden de entrar utilizando la fuerza mínima imprescindible. Hubo muchísima resistencia, muchísima, muchísima, muchísima, insultos de todo tipo, algún intento de agresión por parte de alguno cuando entraba alguno de nosotros; nos daban patadas y tal. Finalmente incautamos las urnas. La verdad es que fue una operación muy meticulosa y quirúrgica“.

Aarón Rivero, representante del sindicato policial Jupol, durante la entrevista con EL ESPAÑOL | Porfolio.


Aarón Rivero, representante del sindicato policial Jupol, durante la entrevista con EL ESPAÑOL | Porfolio.

Esteban Palazuelos

Era el primer colegio, pero la mañana avanzaba y, fuera del uniforme, las noticias se sucedían. Cataluña era el centro del mundo y las imágenes de la resistencia mientras la policía trataba de entrar a los colegios corrían como la pólvora en las redes sociales. La Guardia Civil había tirado el sistema informático de las votaciones.

El avance de la mañana hizo cada vez más costoso el acceso a los colegios, por el ascenso de los disturbios. Aarón Rivero lo tiene aún en la mente, no ha podido olvidarlo: “Gente a la entrada de la calle, gente a la entrada del colegio, gente en los pasillos del colegio, gente a la entrada del aula. En el aula encontramos a niños pequeños, personas mayores en silla de ruedas, con andadores y cosas que no tenían sentido, como gente que se agarraba a las urnas”.

El agente de la Brigada de Información incluso habló con algunos de los manifestantes. “Había una chica de unos 30 años, con su abuelo. El hombre no se enteraba de nada, el pobre. Le dije que, por favor, se lo llevara de allí, que a esa edad un empujón de cualquiera podía hacerle daño. Se negó. Para ellos el referéndum estaba por encima de todo”.

Aarón no daba crédito a lo que estaba viviendo: “Era una situación completamente ilógica”. El jefe de la unidad tuvo que dar la orden de que la UIP no entrara en las aulas que estaban llenas de niños. “Imagínate entrar con un uniforme cargado de material antidisturbios de unos 20 kilos”, apunta.

La situación era tan complicada que Hugo veía salir a los niños aterrados. “Niños de 5 o 6 años que veían cómo personas cargadas con material antidisturbios prácticamente tiraban la puerta abajo. No era lógico que estuvieran allí”.

Los problemas para intervenir se multiplicaban ante una multitud enfurecida. “Yo no había visto antes tanto odio”, coinciden ambos agentes. 

Recuerdan cómo les lanzaban de todo: “Orín, agua, sillas, puñetazos, te agarraban, te tiraban las urnas…“. Aarón resultó lesionado por un sillazo que aún no recuerda cómo le cayó. “Al día siguiente me vi un moratón en la pierna y me dijo un compañero que era de la silla que me habían lanzado —los miembros de la Brigada de Información accedían a los colegios de paisano—. Yo no me acuerdo, porque la tensión y la adrenalina eran máximas”.

Aarón Rivero muestra su pesadumbrez por lo ocurrido: “Era un trauma, un sentimiento de tristeza, porque al final dices: ¿en qué momento una sociedad civilizada se ha desvirtuado tanto que el odio hacia la policía deriva en esto?”.

Las imágenes se sucedían. Había quienes veían una represión brutal por parte de los cuerpos policiales; había quienes veían una desobediencia civil insospechada en un país en paz. Los partidos independentistas y los responsables de la Generalitat hablaban de la brutalidad policial. Juan Ignacio Zoido, por entonces ministro del Interior, aseguraba que las imágenes eran falsas.

Tanto Aarón como Hugo aseguran que utilizaron “la fuerza mínima imprescindible”. “Ni comparación a la que utilizamos, por ejemplo, en las intervenciones en partidos de fútbol de alto riesgo”, dice Hugo.

Hugo del Prado, en su entrevista con EL ESPAÑOL.


Hugo del Prado, en su entrevista con EL ESPAÑOL.

Silvia P. Cabeza

“Hubo que aguantar muchísimo —apunta el agente de la UIP—. La fuerza utilizada fue mínima porque había niños y abuelos. Iban buscando que les agredieras, pero no caímos en la provocación. Estamos acostumbrados a ella. Pero, claro, la provocación con niños y abuelos… Gracias a Dios a nadie se le fue la cabeza. Y había motivos… Fueron cuatro o cinco horas de muchísima tensión”.

Cada unidad policial, al final, logró entrar en tres o cuatro colegios. “No llegabas, cogías las urnas y te ibas. Tenías que despejar el colegio, entrar, coger la urna, salir con ella…”, recuerda Aarón. Este operativo se sucedió durante la mañana.

Con la tarde llegó una relativa calma. Los mandos policiales recibieron la orden de no volver a entrar en ningún colegio más. Los agentes quedaban destinados a labores de mantenimiento del orden público.

Al final del día, Aarón tenía la sensación del deber cumplido. “Fueron casi 23 horas sin dejar de trabajar. Nosotros llegamos a Pineda del Mar cerca de la 1 de la mañana del 2 de octubre. Y recuerdo que nos recibieron de manera muy hostil. Yo creo que queda, como he dicho antes, una operación realizada de manera quirúrgica. O sea, pese a lo que diga la gente, el uso de la fuerza fue el mínimo imprescindible”. 

Hugo del Prado lo zanja: “Lo de aquel 1 de octubre no lo había visto nunca, no lo he vuelto a ver y espero no volver a verlo. Mentalmente fue una prueba para todos”.

¿Vuelta a la calma?

El día concluyó, la votación fue un caos —Del Prado rememora en una parte de la entrevista su entrada al primer colegio, donde las urnas ya estaban llenas de papeletas— y la Generalitat aseguró que habían conseguido un apoyo del 90% a la independencia, con una participación del 43% del censo.

Los primeros días de aquel mes de octubre en Cataluña no fueron agradables para nadie. Mucho menos para los policías que prestaban servicio allí. A Aarón lo echaron de su hotel de Pineda del Mar, donde sufrieron un escrache aupado incluso por el cuerpo de bomberos de la localidad, el 3 de octubre.

“Nos intentaron entrar en el hotel por la parte de atrás algunos radicales independentistas las noches anteriores”, cuenta Aarón. “Había allí 500 o 600 policías alojados. No entraron, lógicamente, porque no nos enfrentábamos a ellos. También, los Mossos d’Esquadra tuvieron gran parte de culpa de que no accedieran. Ellos se encargaban de la seguridad de los hoteles”.

“Lo del 1 de octubre no lo he visto nunca y espero no volver a verlo. Mentalmente fue una prueba para todos”

Hugo del Prado, agente de la UIP de la Policía Nacional

Aarón se muestra apenado por lo ocurrido. “La expulsión del hotel fue dura. El sentimiento de decir: a la policía la han echado de un hotel en España… Dices: joder, cómo es posible que en el siglo XXI se produzca esto, que por una orden política se eche a la Policía Nacional de un hotel, en un territorio español. Es verdad que fue un golpe duro para la moral a lo mejor de los compañeros, sí”.

Mientras tanto, en Gerona, Hugo veía con inmensa tristeza cómo no podían ir ni siquiera a los bares a comer. “Estuvimos en un restaurante y nos tuvimos que ir porque los camareros nos insultaban. Y eso sería lo mínimo. Yo me levanté, porque pensé que lo mínimo que habían hecho era escupirle a nuestra comida”, expone.

A él lo echaron de su hotel, pero por la presión popular. “La dueña nos invitó a irnos porque les amenazaban con que se lo iban a quemar. Nosotros llegamos a coger una de esas llamadas”.

Otro de los aspectos más vergonzosos que recuerda el agente de la UIP en los días posteriores fue la persecución de los Mossos d’Esquadra. “Cada vez que salíamos del hotel venía una patrulla detrás nuestra”.

Un punto de inflexión

La lucha por la equiparación salarial. Mientras en Cataluña eran muchos los que repudiban a la policía, en España el movimiento era inverso: el apoyo fue masivo. El hecho de que los Mossos no intervinieran aquel 1-O sirvió a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado para reinvindicar una equiparación salarial con los cuerpos regionales. Esto marcó el ascenso de la asociación Jusapol (que unifica a Jucil y el sindicato Jupol) en la Guardia Civil y la Policía Nacional.

A pesar de la sensación de abandono que tuvieron los miembros de la Policía Nacional aquel día, no culpan a sus compañeros catalanes de lo ocurrido el 1-O. “En ningún caso. Eran patrullas jóvenes y poco formadas. A las unidades Arro y Brimo —el equivalente a la UIP y la UPR en la Policía Nacional— ni siquiera les ordenaron actuar aquel día”.

Tanto Aarón como Hugo coinciden en que había algunos compañeros de los Mossos que les pedían perdón por lo ocurrido. Además, destacan como ejemplo de que aquello fue una orden superior el trabajo codo con codo que realizaron en 2019, en la Operación Ícaro. “A nosotros nos miraban con odio, pero a ellos… Aquello fue una cosa…”.

Algunos agentes estuvieron desplegados en territorio catalán hasta tres meses. Muchos de ellos se encontraban en los barcos mencionados al principio de este reportaje. Hugo era uno de ellos. 

La pregunta que muchos se hacen es qué hubiera sucedido si el referéndum se hubiera celebrado sin intervención policial alguna. Hugo responde con claridad: “A toro pasado… Lo fácil hubiera sido no intervenir, claro. Dejarles que hicieran su circo y que luego fuera lo que quisiera. Pero había una orden judicial y había que hacer cumplir la ley. Si la ley dice que hay que intervenir, se interviene. ¿Era difícil? Era difícil, pero para eso estamos y para eso nos pagan”.

A Hugo le apena, sobre todo, la dejadez del Gobierno con sus policías. “No nos dieron las gracias; no nos han prestado apoyo psicológico; ni siquiera nos dieron una palmadita en la espalda”.

El policía y sindicalista Hugo del Prado, durante su entrevista con EL ESPAÑOL | Porfolio.


El policía y sindicalista Hugo del Prado, durante su entrevista con EL ESPAÑOL | Porfolio.

Silvia P. Cabeza

En el olvido

Ha pasado sólo un lustro, pero cualquiera diría que aquellas imágenes son de hace décadas. Los siguientes meses en Cataluña serían complicados. La Declaración Unilateral de Independencia llevada a cabo por el Govern tendría efecto el 27 de octubre. Ese mismo día, el gobierno de Mariano Rajoy aplicaría el artículo 155 de la Constitución española para tomar el mando de la comunidad autónoma.

Antes de que termine el mes, Carles Puigdemont, a quien la Guardia Civil considera máximo responsable de activar la vía unilateral, huye del país con destino a Bélgica, donde aún se encuentra.

Antes de final de año, Inés Arrimadas y Ciudadanos obtendrían en Cataluña el apoyo mayoritario en las elecciones generales. No obstante, la aritmética electoral permitiría que el bloque independentista volviera a gobernar.

“¿En qué momento una sociedad civilizada se ha desvirtuado tanto que el odio a la policía deriva en esto?”

Aarón Rivero, policía de Información el 1-O

Tras dos años de tensión, la sentencia condenatoria contra los responsables de aquel referéndum ilegal provoca en octubre de 2019 unos graves disturbios de nuevo en Cataluña. Las imágenes que se pueden ver en televisión son absolutamente sobrecogedoras.

Aarón cree que por eso es importante recordar las efemérides de lo ocurrido. “Tampoco se puede olvidar. Al final, para nosotros fue un hecho importantísimo porque casi matan a tres compañeros. Y eso a nosotros no se nos olvida nunca”.

Hugo, por su parte, también recuerda esos días. “Lo de 2019 fue un máster en orden público. Lo nunca visto”, reconoce. Sin embargo, retiene en mente una imagen aún más fuerte de 2017: “Fue la primera vez que nos encontramos niños en una intervención”.


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