Maribel Verdú: “Si los coordinadores de intimidad hubieran existido antes, me habría evitado sentirme una mierda muchas veces”!

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La actriz afianza su nueva carrera internacional con el estreno de ‘Raymond & Ray’, de Rodrigo García, una película vocacionalmente ‘indie’ que llega antes del esperado estreno como madre de superhéroes en ‘The Flash’

La actriz Maribel Verdú.ÁNGEL NAVARRETE

No diga Maribel, con acento sobre la e, sino Maríbel, con la tilde bien marcada en la i, la a levemente oscura y la erre bien suave. Lo de Verdú, en cambio, sigue intacto. Demasiado contundente incluso para un angloparlante.

En poco menos de un año la más infatigable y precoz de las actrices españolas (11 veces nominada a los Goya y con dos ellos en su haber) ha aprendido no tanto a hablar inglés, que ya lo llevaba casi puesto, como a girar la cabeza cada vez que su nombre es pronunciado de la más atrabiliaria de las maneras.

A Maribel Verdú (Madrid, 1970) la hemos visto en la serie Now and then, la veremos cuando se aclaren con la fecha de estreno y con los problemas que arrastra su protagonista en la esperada adaptación del cómic The Flash y mientras, este mismo viernes, ya está a la vista en Apple TV+ Raymond & Ray, donde a las órdenes de Rodrigo García se mide con Ethan Hawke y Ewan McGregor.

Se trata de una historia de familias ingratas con padres ingratos, hijos ingratos y entierros ingratos. Se trata básicamente de un funeral. Todo ingrato menos una Maríbel dispuesta a demostrar al mundo (a todo él) que nadie sonríe como ella. Da lo mismo el idioma, la latitud o la laxitud.

Da la impresión de que todo empezara ahora. ¿Estamos ante la nueva carrera internacional de Maribel Verdú?
Las cosas surgen. Lo de que una actriz no es exactamente dueña de su carrera, pues es un poco verdad. Todo empezó con la serie Now and then de la mano de Ramón Campos. Aunque en realidad, dos meses antes me salió The Flash con Andy Muschietti. Alterné las dos. Luego me llamó Rodrigo, a través de Alfonso Cuarón, para esta película. Por el camino, uno de los protagonistas de la serie, Manolo Cardona, iba a rodar su primera película y allí que me fui. Luego he hecho otra con José Manuel Craviotto y dentro de poco empiezo con Olmo Schnabel. Las cosas de la vida.
Pero ¿qué es lo que ha cambiado: el mundo o la Verdú?
Ahora se busca la diversidad en todo el mundo, la diversidad de todo, de acento y de todo. Y eso te permite encontrar trabajo en cualquier punto del planeta. Yo vivo en Madrid, pero voy a trabajar donde sea. He rodado en Chile, México… Pero lo cierto es que tanto el boom de las plataformas como la necesidad de encontrar representatividad de todos los grupos sociales y de género permite que haya más opciones. Antes había que buscar una secuencia que justificara que uno tuviera acento colombiano, español o mexicano. Eso ya no es necesario. Todos los acentos son válidos porque todas las personas lo son. Esta oportunidad para tender puentes entre países es lo que está engrandeciendo el negocio. La multiculturalidad es el signo del tiempo fantástico que nos ha tocado.
Una invasión hispana en toda regla…
En absoluto. No les interferimos. Cada uno tiene su sitio. Al final, ellos son los primeros en ser conscientes de que el mercado latino es cada vez más potente, más rentable.
La película no deja claro si la familia es la mayor de las condenas o el único espacio de liberación… ¿Cuál es su caso?
La familia es el foco de criminalidad más importante del mundo. Todo proviene de la familia, tanto lo bueno como lo malo. Por otro lado, es el único lugar al que acudes cuando estás sola, desesperada, enferma… La familia es una enfermedad y el remedio de todas las enfermedades. Las mayores alegrías y tristezas salen de ahí.
La pregunta quería ser personal…
Soy una mujer muy familiar. Sólo soy feliz si mi familia está feliz. Y sufro con cada uno de sus sufrimientos. Que a mí, con sólo 13 años, me permitieran hacer lo que sigo haciendo ahora mismo da una idea de hasta qué punto confío en mis padres. Mi madre me acompañaba a los castings y siempre ha sido mi mayor cómplice.
¿Se reconoce en el papel de estabilidad de su personaje en medio del desastre?
Yo soy muchas mujeres en una. Pero si me tengo que definir por algo, yo soy sobre todo unidora. Me paso la vida uniendo a la gente y poniendo paz. No soporto la confrontación, los malos rollos… Siempre medio entre la gente. Pero, por lo demás, puedo ser perfectamente caótica y ordenada a la vez. Por momentos soy la persona más serena del mundo sin renunciar a ser una locatis de no creer. Además, puntual y limpia. Eso siempre: puntual y limpia. Pero eso no impide que me encante ponerme de barro hasta las cejas en mi jardín. Puedo estar igual de feliz en el Sáhara durmiendo en una tienda de campaña durante semanas y en un hotel de cinco estrellas. Y no digo nada de estar en el Sáhara en un hotel de cinco estrellas. En definitiva, disfruto de lo que me toca en cada momento. Me parece tan interesante un pueblito como Nueva York. Y siempre con una sonrisa y muy pendiente de lo que voy a aprender en cada momento. Siempre es ir a la cama sabiendo algo nuevo.
¿Cree que es necesario ahora más que nunca reivindicar el papel de la mujer entre tanta masculinidad de la tóxica?
Odio generalizar. Hay mujeres maravillosas, malvadas, emprendedoras, ambiciosas, generosas… Tiene que haber mujeres de todo tipo, menos mujeres con menos derechos que los hombres.
¿Y cómo curamos lo de la toxicidad?
Es algo atávico. Solo la cultura y la educación pueden curar eso. Actuamos como nos enseñaron en casa desde la cuna. Habría entonces que enseñar de otro modo. Hay mucho por hacer.
Se acaban de cumplir cinco años del Metoo, ¿qué balance hace?
Han cambiado cosas. Por ejemplo, ahora existen en rodaje los coordinadores de intimidad que controlan hasta cómo se dan los besos. Cuántas veces has estado en el rodaje de una escena de sexo que llevabas preparada y, de repente, los directores, hombres, empezaban a pedirte otras cosas. Te encontrabas entre la espada y la pared, y empezabas a sudar, a pasarlo fatal. Si esta persona hubiera existido antes me habría evitado tantos disgustos, tantos llantos, tanto sentirme fatal, tanto sentirme una mierda… Eran momentos en los que te encontrabas sola y te sentías vulnerable, pequeña. Y esto lo tienes ahora siempre y, dices: “¡Qué gozada!”. Si hasta antes de besar nos dan a los dos un ‘flu-flu’ de eucalipto. Ya no hace falta disimular como antes. Ahora está todo planificado y firmado y eso, lejos de coartar nada, hace que actúes mucho más libre y segura que nunca.
De todas formas, el único desnudo de esta película es el suyo. Ellos están siempre vestidos.
Es una polaroid así, muy pequeña. Y es una polaroid decisiva que cambia la vida de uno de los personajes. Está muy muy justificado.

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